Elena de Hoyos

“Quisiera ser mil Elenas
cada una en mil ojos de mosca
caleidoscópica-fragmentaria
reinante medusa
mil cabezas con pechos, manos, cadera
desde un solo sexo-volcán-precipicio
hacia dentro volada
hacia fuera vaciada
No tengo derecho a ser infeliz, no me lo permito”
TriTri.

Elena me recibe como siempre, como siempre que la miro, aquí, allá. Sonriente y feliz. Afable con la certidumbre de mí trabajo. La propuesta de hacerle un retrato y hacerle una entrevista. La franqueza y la nitidez de su mirada, me dejan entrar a su mundo a su casa, a su intimidad y su fortaleza de mujer.
Resulta ser una hija no esperada, de padres maduros. Esto entre muchas cosas, le dan una cualidad verbal que al año le permitió articular palabras como cualquier adulto y con una claridad extraordinaria. Le cedió la oportunidad de alejarse de la infancia con la que convivía y le abrió las puertas con los adultos, a quienes desde los tres años, les contaba historias e identificaba el balbuceo clásico de un infante, cuestionándose la razón.

La alcurnia familiar la condujo irreductiblemente hacia el arte, la cultura y la literatura. Las fiestas y las tertulias familiares, fueron acompañadas por el buen gusto, la música en casa se hacía acústicamente con instrumentos reales, acompañada siempre de artistas, escultores, músicos, arquitectos, que eran, primos, tias, hermanos padre y madre, así, le heredan una veta que hoy le fondean los principios elementales de su trabajo. Además Elena creció dentro de una comunidad artística en un condominio famoso (edificio Condesa) por la concurrencia que ahí habitaba, Juan José Gurrola, Juan Vicente Melo, Mario Lavista, Ruth Lechuga que sin duda le marcaron la ruta.
Para el movimiento de 1968 en México, a casa llegaban los líderes sociales que imprimían los carteles del movimiento estudiantil, José Revueltas, Luis Gonzales de Alba y esto permeó familiarmente, los preceptos de libertad y transgresión se infiltraron en casa. Los hermanos y padres amorosos le abren las puertas a la vida de forma que nada existía que le impidiera conocer el mundo, a la sociedad y colmar el alma de cariño y amor para sí. Se abrió la puerta a la Transgresión actual que le permite la apertura de los espacios novedosos, que rompen con los esquemas de conducta tradicionales, en el trabajo, en el alma, en la sexualidad.

Estudiando en el colegio de monjas cerca la fecha de la muerte de su padre, a los ocho años, lee Cien Años de Soledad escondida en el closet de la recamara ayudada con una lámpara sorda y pese a que le fueron engrapadas las páginas “prohibidas”, obvio son las primeras que acabó desesperadamente.
En su adolescencia ya extrovertida, criticaba a su madre por el modo de vida y ella le decía que la prudencia era la mejor conducta y entonces, decidió ser imprudente, impertinente e impúdica la otra cara de las enseñanzas de su madre. Gustaba ser vista, ser conocida, se relacionó con las bandas de fin de semana acapulqueño, interesada eternamente en la sexualidad, en la tónica de la comprensión y la trascendencia social y de desarrollo.

“Hermanas en la Sombra”, el proyecto que Elena coordinó con la participación de las mujeres en la cárcel de Atlacholoaya en el Estado de Morelos, Elena comentó.- “Lo único que las mujeres queremos es que nos besen, nos abracen y nos hagan el amor, y no nos importa que sea “La Barbie” o “el MochaOrejas”, las mujeres somos muy brutas en el amor, muy irracionales y yo he caído en esos amores apasionados”.
Elena se formó acompañada de muchos novios prohibidos, estudió Sociología abandonando la Psicología que no le proporcionaba ninguna herramienta para entender sus preceptos socialistas, militó en el PRT, vendía periódicos en los autobuses, asistía a las asambleas en las fábricas, realizaba pintas callejeras, alfabetización en las zonas ferroviarias de la ciudad de México, coordinó una Galería de Arte de unos de sus hermanos. Dejó el país en 1975 cursando la Preparatoria para separarse de relaciones peligrosas que estaban poniendo en riesgo su estabilidad, estudió Inglés, Francés, y Alemán y regresó a la Biblioteca Nacional como políglota.

Elena Afirma: Yo me sentía poco aceptada por mí, como mujer, no tenía esas herramientas para aceptarlo, y eso pasó durante muchos años, no entendía que así era mi vida”
Sin vestido blanco de boda, (como mamá hubiera querido), se muda de casa materna e inicia una unión libre con “El Fisgón”, Rafael Barajas Durán, y da inicio a una serie de sucesos que le marcan el resto de su vida sociológica, y sus contextos familiares le detonan relaciones afortunadas que se agrupan entre la actividad política entre ejidatarios y contando con posibilidades financieras de sostenimiento de relaciones amorosas.

El futuro: Rescatar el poder de mujer, continuar afirmando la feminidad y sensualidad, sostener la Transgresión, afirmar la lucha del feminismo actual, mantener el trabajo poético que gusta más a los hombres, darle voz a las mujeres que han sido silenciadas por pudor y por vergüenza, a través de su voz en la poesía.
Me declaro con falta de información, gano la presea Xochiquetzalli en 2014, otorgada por el Congreso Morelense.

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